El arte de no querer quedar bien

29 nov. 2012

El arte de no querer quedar bien


   Por Rubén López | ruben@futbolconpropiedad.com


Vivimos en la era de lo políticamente correcto, de los severos juicios a la actitud del prójimo y la condescendencia con uno mismo. La opinión pública no perdona la sinceridad si no les gusta lo que expresa, pero a la vez la reclaman y llaman hipócrita al que dice lo que quieren escuchar si no les convence de que lo dice con sentimiento. La era de los tontos y los rebaños, de la búsqueda de la opinión única y la discusión inútil.

Sobre esta cultura de la fachada, en la que lo de dentro sólo importa si es lo estándar, se erigen dos figuras comandando a los dos equipos más influyentes de España que se alejan de esa corriente, de formas totalmente opuestas pero igualmente alejadas del canon. Tanto Tito Vilanova como José Mourinho rehuyen, a la hora de hacer declaraciones, las normas básicas que rigen los preceptos básicos del borrego común guiado por su pastor.

El entrenador del Barcelona tiene una forma de ser para nada tan kamikaze como su homólogo madridista, pero tiene claro que no le gusta hacer declaraciones de cara a la galería. Huye del carisma, ni lo tiene ni lo necesita, y sabe que gustarle a las cámaras y al micrófono no es su trabajo, sólo un complemento que no suele dar títulos. Siempre se encontró cómodo detrás de los focos, en un segundo plano por detrás de Pep, y ahora que dio el salto a primera línea no quiere ganar protagonismo. Cobra por ganar partidos y no por ser la estrella, para eso ya están otros. No da titulares y hace sus deberes tranquilo, para aburrimiento de la periodistas carroñeros y beneficio de sus jugadores, que no se ven influidos por un entrenador que da noticias sobre el equipo contínuamente.

El caso de José Mourinho es más complejo y totalmente opuesto. Crea noticias continuamente, pero siempre atrayendo hacia él las críticas. La prensa y buena parte del público lo ven como un ogro, pero para sorpresa de todos es extremadamente raro que alguno de sus antiguos pupilos no se deshaga en halagos al hablar de él. Mou es la evidencia de la hipocresía de los medios y la opinión pública. El portugués recibe críticas continuamente por cosas en las que la gran mayoría de las veces sufre agravio comparativo con otros compañeros de gremio que puedan hacer lo mismo.

¿De qué sirve caer bien en la sociedad de los hipócritas? Muchos se dejarán llevar por el impulso de creer que cabrear a todo el mundo o pasar desapercibido completamente cierra muchas puertas, pero a estas dos personas les sobran puertas abiertas de par en par. Una vez se consigue el éxito hay ciertas cosas que uno no está obligado a aguantar, y pasar por el aro de convertirse en un demagogo para tener satisfechos a todos es un precio demasiado alto para quien aprecia lo más mínimo su personalidad. Hay formas moderadas y más extremas de sobreponerse a la cultura del borreguismo, pero creo que la presencia de dos extremos tan diferenciados como Tito y Mou ayudan mucho a evidenciar el ridículo de lo políticamente correcto, que todo el  mundo toma como una obligación para el resto y una opción para sí mismos. No tengo demasiadas dudas de que algo que influyó de forma determinante para que Mourinho se crease este personaje polémico fue el hartazgo de tener que soportar día tras día a los abanderados de lo correcto, y el sector de la prensa, con el que tiene que lidiar cada día, está lleno de esa gente. Una gente que se ceba con quien dice algo que se sale de lo establecido, pero que más tarde se permite el lujo de publicar lamentables artículos cargados del fanatismo que critican

Estas dos figuras están ya para siempre marcadas por aquel lamentable incidente en el que Mourinho introdujo su dedo en el ojo de Vilanova, y ya nadie borra aquella imagen (probablemente la única reacción realmente reprochable del portugués desde su llegada a Madrid) de su cabeza. Ellos ya hicieron las paces, pero parece que a la gente de fuera le importa más tener carnaza que despedazar antes de entender que las relaciones humanas tienen conflictos que si hay buena fe desde ambas partes se pueden solventar. ¿Pero qué sabe de buena fe el borrego amante de lo políticamente correcto si sólo se preocupa de juzgar a los demás?

0 comentarios :

Publicar un comentario