24 jul. 2012

Kaká, un experimento arriesgado a precio de apuesta segura



 Por Rubén López | ruben@futbolconpropiedad.com

Corría la temporada 2006/2007 cuando Ricardo Kaká culminaba su mejor temporada. El futbolista se valió de la marcha de su ex compañero Andrei Shevchenko hacia Londres para convertirse en el principal referente del ataque milanista, pudiendo tener más libertad en su juego y a la vez mayor responsabilidad, una responsabilidad en la que se encontró muy cómodo y consiguió llevar al cuadro rossonero a levantar el título de Champions League. Aquel gran año le hizo merecedor de un Balón de Oro que sería el último que se llevaría un jugador diferente a Messi o Cristiano Ronaldo hasta la fecha.

Tras aquella grandiosa campaña, el Kaká que conocíamos dejó de aparecer con tanta asiduidad. Sus últimas dos campañas en Milan fueron irregulares, alternando grandes partidos con actuaciones mediocres (rutina que le acompañó durante toda su carrera, pero esta vez la mediocridad era más mediocre y la brillantez menos brillante). Consiguió grandes cifras goleadoras, se aprovechó de su buen golpeo para acrecentar las estadísticas y maquillar sus temporadas, pero ya no era aquel jugador que siempre encontraba la mejor opción, que creaba las ocasiones en cada balón que pasaba por sus pies. Era más un burdo intento de jugador efectivo y práctico que el habilidoso mediapunta capaz de desatascar partidos que había sido en sus mejores momentos.

Pensando en aquella etapa a día de hoy, me recuerda en cierto modo a la actualidad futbolística de Cesc Fábregas (aunque por diferentes motivos) en el sentido que destacó por facetas que no eran las que le llevaron al éxito. También más pegado al área, menos pendiente de dar sentido al juego en los últimos metros, más pendiente de culminar que de dejar en bandeja. Estos síntomas se hicieron especialmente evidentes a finales de su penúltima temporada en San Siro y en la última fueron a más, cuando ya arrastraba su famosa pubalgia.

El Real Madrid del electo Florentino Pérez decidió, no obstante, arriesgarse para fichar a un antiguo objeto de deseo madridista por un precio que causó conmoción, recelo o ilusión dependiendo del receptor de la noticia. El rendimiento del brasileño ya no era el del Balón de Oro y sorprendió a muchos ver como se desembolsaban casi 70 millones por un futbolista que llevaba un tiempo sin ser tan determinante como antaño. Llegó a Madrid ilusionado y con ganas de hacerlo bien, pero sus problemas físicos aparecieron una y otra vez, sin dejarle alcanzar la continuidad, ni con Pellegrini ni con Mourinho, aunque a principios de la última temporada mostró un nivel más que aceptable, que llegó a hacer soñar a algunos con su resurgir. No obstante, no fue así, y los que hace años alababan su fichaje, hoy piden su marcha de forma férrea. Lo que está claro es que será imposible encontrarle una salida que compense económicamente el desembolso, una vez visto que en términos de rendimiento no valió para nada la pena.

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